Hace exactamente 25 años, a principios de 1995, Bosch y Mercedes presentaban de forma conjunta el estreno en un coche de serie del primer programa electrónico de estabilidad (ESP), un sistema que desde entonces ha cambiado radicalmente el nivel de seguridad de los automóviles ya que es capaz de evitar hasta el 80 por ciento de los accidentes ocasionados por derrapes, logrando salvar, por lo tanto, miles y miles de vidas.

ESP: UNA PUESTA EN ESCENA SOBRE HIELO

Suecia fue el escenario elegido para dar a conocer en 1995 este novedoso sistema de seguridad. En un gran lago helado, muy cerca del Círculo Polar Ártico, varios periodistas especializados se pusieron al volante de distintas unidades del Mercedes S 600, la berlina más cara y lujosa que entonces comercializaba la marca alemana, y que disponía del mejor equipamiento posible. Ya contaba con airbags y con el sistema antibloqueo de frenos ABS, que desde finales de los años 70 ya marcó un importante avance en materia de seguridad activa.

25 años del ESP: un gran salvavidas

Durante aquella prueba se generaron varias situaciones de pérdida de control del vehículo, bien por la falta momentánea de agarre de los neumáticos o por una maniobra brusca para esquivar algún obstáculo —simulando la reacción de un conductor de forma repentina en la carretera—, y se comprobaron las ventajas que aportaba el ESP en la dinámica transversal del vehículo, permitiendo recuperar la trayectoria deseada como por arte de magia.

ESP: CON EL MERCEDES CLASE A CAMBIÓ TODO

El elevado coste de los componentes del ESP hizo que su incorporación inicial se materializase en otras lujosas berlinas que rivalizaban con aquel Mercedes Clase S, como los BMW Serie 7 y Lexus LS, para ir llegando poco a poco a más modelos, aunque siempre costosos. Todo cambió radicalmente en 1997 con otro coche de Mercedes, el Clase A, al sufrir un accidente durante una prueba de maniobra evasiva.

25 años del ESP: un gran salvavidas

El nuevo compacto de la marca alemana debía superar el llamado “Test del Alce”, una prueba estandarizada que simula la esquiva de un obstáculo que aparece de forma repentina —situaciones que provoca dicho animal en los países nórdicos, de ahí su nombre— junto al control eficiente de la trayectoria en zig-zag que se debe realizar. Y fue un probador de coches sueco el que superó los límites críticos de estabilidad al efectuar esa maniobra tan brusca y volcó el Mercedes Clase A, poniendo en entredicho su seguridad. El revés inicial llevó al constructor germano a trabajar a fondo e instalar el ESP de serie en dicho modelo. A partir de ahí se generalizó más rápidamente, también en otros fabricantes, aunque hasta el 1 de noviembre de 2014 no se convirtió en obligatorio para todos los automóviles a la venta en la Unión Europea.

ASÍ FUNCIONA EL ESP

El control electrónico de estabilidad ESP utiliza parte de los elementos del ABS y múltiples sensores (de giro de rueda, de ángulo de giro del volante, de relación de giro y de aceleración lateral) que transmiten infinidad de datos en una fracción de segundo y que son analizados por una unidad de control —revisa unas 25 veces por segundo si la posición del volante coincide con la dirección real del vehículo—. Si ante un giro o una maniobra brusca la centralita comprueba que se supera un determinado valor de desviación en la trayectoria lógica del vehículo, entonces envía una señal a un dispositivo hidráulico que es capaz de activar los frenos de cada rueda de manera independiente.

25 años del ESP: un gran salvavidas

Por tanto, si la dirección que toma el vehículo no se corresponde con la que marca el volante, el sistema actúa frenando la rueda adecuada e incluso puede intervenir sobre el motor para reducir su potencia. Con estas órdenes lo primero que se produce es un descenso de la velocidad, circunstancia que facilita de nuevo la adherencia de los neumáticos, al tiempo que induce un giro adicional con las ruedas no directrices para evitar efectos de péndulo con fuertes cambios de carga, lo que se traduce en la toma del control del vehículo.

ESP: EL GUARDAESPALDAS SILENCIOSO

Lo mejor es que el ESP se convierte en un auténtico “ángel de la guarda” e intervendrá siempre que detecte un deslizamiento o una pérdida de estabilidad (curvas cerradas, cambios bruscos de dirección, suelos resbaladizos…), evitando en muchos casos la salida de la carretera y las graves consecuencias que ello generaría. Algunos estudios indican que el control de estabilidad ha llegado a reducir en un 50 por ciento los accidentes que podrían ser fatales, salvando decenas de miles de vidas en todo el mundo.

25 años del ESP: un gran salvavidas

Hay muchos conductores que no perciben las pequeñas y constantes intervenciones que puede efectuar el ESP de su coche y otros se dan cuenta por el parpadeo en el cuadro de instrumentos del testigo que identifica a este sistema de seguridad que, después del propio cinturón de seguridad, es seguramente la mayor innovación en este campo que han recibido los automóviles, sin olvidar los avances que están llegando en nuestros días con los nuevos sistemas de ayuda a la conducción.

ESP: MUCHOS NOMBRES PARA LO MISMO

Aunque las siglas ESP (Electronic Stability Program) y ESC (Electronic Stability Control) son las más utilizadas para referirse a este sistema, durante un tiempo algunos fabricantes de automóviles han empleado —o emplean— otras denominaciones, como por ejemplo VSA (Vehicle Stability Assist), DSC (Dynamic Stability Control), DSTC (Dynamic Stability and Traction Control), VDC (Vehicle Dynamic Control), VSC (Vehicle Stability Control), VSE (Vehicle Stability Enhancement) y PSM (Porsche Stability Management), entre otros.

25 años del ESP: un gran salvavidas

Por otra parte, aunque los modelos europeos y norteamericanos incorporan el ESP desde hace años, hasta 2018 los principales fabricantes chinos no se comprometieron a incluir en todos sus modelos este elemento primordial en el campo de la seguridad.